Pez en el hielo

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La montaña, una conversación con Manuel Barrios.

1

Debo empezar diciendo que hace días estoy perdido. A finales de diciembre mantuve un charla con Manuel Barrios que ya parece fantasmal. Entro y salgo del texto recorriendo los mismos lugares, como si no pudiera encontrar más cosas que lo que está dicho en la charla, algo que bien ordenado alcanzaría para dejar paso a lo siguiente: el proyecto Editorial Mental es uno de los espacios colectivos fundamentales de la poesía local de los últimos años, un encuentro de voces que se inicia con la publicación de Bagrejapones en el año 2009 y que tiene su punto culmine con la película Sent de Leandro Vieira estrenada en el 2015. El relato coral compagina ensayo, ficción, entrevistas y experimentación, tomando como base los textos del grupo y las apariciones de los autores / actores, que juntos van desentrañando su propio relato, algo que no tiene otra raíz o misterio que la vida misma.

A esta introducción se le podría agregar unas palabras recogidas en la charla con Manuel, a modo de celebración por el camino recorrido, pero también apuntando que el presente es por demás provisorio cuando hablamos de poesía. Dice Manuel que esta nueva generación de poetas son la cristalización de algo que viene pasando hace años. Se refiere al proyecto coordinado por Hoski, Miguel Avero y Santiago Pereira. En el camino de los perros ya tiene un par de años y viene presentándose no solo en Montevideo sino también en el interior, es posible que sus nombres más destacados sean los de Guillermina Sartor, Federico Machado, Eloísa Avoletta, Carolina Silva Rodé, Romina Serrano y varios más. Este año ya tiene su nueva generación y no sabemos donde termina la fila. De este modo parecería que esta conversación indaga no solo en el proyecto Editorial Mental, sino en el pasado de este presente, y a lo mejor también en el futuro.

2

Conocí a Manuel hace unos cuantos años. Antes o después que publicara sus primeros libros. Democracia y Explanans. En mi recuerdo aparecen juntos, como si fuesen los lados de una novela furiosa que desintegraba el pabellón nacional y que rápidamente establecía conexiones con poetas y lenguas de las que jamás había oído hablar. Creo que fue antes que los publicara pero siempre cabe la posibilidad de que hubiese sido después y de que haya sido después, no importa mucho ahora, acaso importaría como forma de medir una distancia interior, distancia que es un camino de regreso, como si volviese a ver mi cara en el resplandor de unas páginas que todavía alumbran y lo que encontrase allí fuese algo más revelador que mi cara de juventud. Una familia desaparece y deja un baldío, y un joven inicia un mapa de lectura y un matrimonio con ella. Dicho esto, recuerdo ahora que una vez le presté un libro pirata de Bolaño que traía varios títulos, mi preferido era Un paseo por la literatura, la tapa era negra con un recuadro verde, creo ver el entusiasmo de Manuel por aquella edición que se completaba con Tres y Los perros románticos, de aquellos textos Un paseo.. debe haber sido el que intenté imitar mayor cantidad de veces. Este recuerdo trae a continuación el epígrafe de Explanans que al principio dice lo siguiente.

La poesía de las primeras décadas del siglo XXI será una poesía híbrida, como ya lo está siendo la narrativa. Posiblemente nos encaminamos, con lentitud espantosa, hacia nuevos temblores formales.

3

En aquellos años de indecisiones era común encontrarse con Manuel en la casa de Damián Martínez, allí escuché por primera vez el nombre de Julio Inverso. Ese nombre sirve para entender una parte fundamental de lo que piensa Manuel acerca de la poesía, pero no todo. En principio es la función del poeta activo ligado a la calle, a la revuelta, a la poesía como acto vital. Pero revuelta parecería una palabra vieja, como carroña, como spleen, como el mito del poeta romántico. Por otra parte es inevitable pensar que la irrupción de Inverso ocurre apenas unos años después del final de la dictadura y que toda esa vida escrita explota después de su muerte, en los años dosmil, cuando Manuel Barrios está publicando sus primeros libros y a la vez está avanzando por territorios nuevos.

Superar la figura del poeta maldito no parece fácil en estas tierras agnósticas, a eso hay que sumarle el afán de iluminar rincones a donde el mercado editorial y ciertos lectores no llegan. Manuel es el poeta que establece lazos, que arma colectivos, que escribe para y con los amigos, y que produce una obra donde conviven lo artesanal con una celebración de la vida y la resistencia.

4

Encuentro un diario con apuntes sobre Yoga un libro bisagra en la escritura de Manuel Barrios, lo curioso es que esos apuntes llevan dos títulos distintos: Imitación y mala caligrafía y Una cabeza que se incendia. El escribiente parece ser el mismo aunque a veces cambie según con qué título empiece, por ejemplo: cuando comienza bajo el título Una cabeza que se incendia la escritura parece seguir el rastro de una habitación vacía, una habitación que se comunica a través del diario y que parece explorar regiones desmesuradas que funcionan como el borrador de un libro enterrado y futuro, una voz que trabaja en los límites del lenguaje, como si fuesen las costuras de un edificio en construcción donde el escritor es un medium y el papel un tablero donde se mueven los lápices. En cambio, la voz de Imitación y mala caligrafía parece indagar posibilidades narrativas, la copia, la mala traducción, incluso la apropiación y la falsificación. Hay citas intervenidas, colaboraciones anónimas, pasajes tachados o inconclusos, hojas arrancadas, una deriva que termina por borrar los contornos del poeta y por configurar los rostros de un autor decididamente decimonónico. Parecería que el diario es la variación de una o dos voces que nunca se deciden a emprender el viaje o los viajes, uno narrativo y otro marginal y poético.

5

Manuel me espera en su casa un caluroso mediodía de diciembre. Mi celular no funciona. La entrevista salió de un día para el otro, puede que mi invitación sea inesperada.

No hay timbre. Grito varias veces. Nadie contesta. Pienso cuáles de los libros de la Editorial Mental tengo en casa. Uno de Olga Leiva, dos de Diego de Ávila, uno de Karen Wild. Juntos alcanzarían para inventar un diálogo invisible, un paseo por una montaña o el diario de cómo se sube a una montaña. Una excursión es un espacio en blanco donde escribir, y escribir en este caso es llevar adelante una caravana de voces. Algo parecido a eso es Editorial Mental. Un grupo que escribiendo intenta subir a una montaña.

En este recorrido Diego de Ávila podría guiarnos por las noches, su voz es la de un borracho y la de un predicador, alguien que sostiene ideas contradictorias y que avanza por oposiciones, como si en esas vicisitudes la perdición y la lucidez fuesen la misma cosa. A su cargo también quedaría buena parte del sentido del humor, un humor tierno y feroz, si se puede ser tierno y feroz, que es como decir que siempre está consciente de la desaparición de todo.

Olga Leiva, Hermana Leiva para los iniciados, sube cada peldaño del camino como se sube a un árbol, aprende y desaprende cada vez. Desune las líneas que van de la nieve al cielo los días de tormenta y del cielo a los picos nevados los días transparentes. Unas líneas que podrían ser las de sus manos o las de un libro hermoso que se llama Bruja boreal en donde alguien se prepara para subir una montaña.

Hermana Leiva sobrevive como puede, vende cartón, ocupa fábricas, transcribe, reescribe, da de comer y vomita.

También están Santiago Márquez y Alex Piperno, han alquilado un ómnibus o lo han robado, ambos se ocupan en decodificar las instalaciones y los algoritmos, pueden ver las fallas del teatro, los materiales vencidos y los despojos, los píxeles, lo antiguo y lo moderno, los cuerpos en descomposición, las fake news, la conspiración y la paranoia, una red preparada para las ilusiones y la realidad aumentada.

Han llegado al pie de la montaña haciéndose pasar por vendedores de vidrio picado y cables de instalación subterránea.

Por último quedan Manuel Barrios, Karen Wild y Andrés Vico, los tres se pasean por los galpones del sueño, la montaña es un holograma, un tejido donde el tiempo la materia y el territorio son un recuerdo.

Un día Karen sostuvo a Manuel en el aire para que pudiera escribir en la nieve, el día era gris y les dolía el estómago, Karen lo levantó (Manuel ya estaba muy flaco) y escribió lo siguiente.

Allí donde está el Vacuis también resplandece el vacío que nos permite florecer.

5

Luego de conseguir que alguien me abriera y de adivinar cuál de las dos puertas sería la casa, pasé muy rápido por un pasillo / biblioteca y entré en una habitación de descanso, pequeña, sin cuadros, casi sin libros, dos o tres sillones y una pecera con un ajolote que recién voy a descubrir al final de la charla, cuando me despida.

Mi voz aparece titubeante y no se escucha bien.

Qué te gustaría saber dice Manuel, todos los procesos son distintos, el Bagrejaponés es una cosa, Editorial Mental es otra.

Me gustaría que me contaras cómo llegaste al proyecto Mental le digo.

Ah, está bueno eso, si. La Editorial Mental nace como consecuencia de una necesidad poética que se encuentra en un plano de escritura dice, el paso previo a conformar la editorial lo marca la edición de Bagrejaponés, un libro escrito en colectivo editado en el año 2009 del que formo parte junto a Olga Leiva, Alex Piperno, Santiago Márquez y Diego de Ávila.

Mientras Manuel me va contando, pienso que si hay algo sorprendente cuando uno lee cada uno de los libros del proyecto Mental es que todos parecen estar escribiendo sobre la misma piedra. Como si todos estuviesen girando en órbita alrededor del mismo planeta y lo estuviesen construyendo juntos al mismo tiempo.

Manuel recuerda los años previos a la gestación del Bagre.

En los años dosmil había un predominio de las ediciones industriales dice, esa era la única posibilidad de editar para los nuevos autores, otros optaban por la edición de autor que Manuel considera un capricho por estar en la estantería y con la que no se siente para nada identificado. Era un momento de dolor dice. La sensación de aquellos años es de angustia. Nos dolía lo que pasaba en el ambiente de la poesía. Recuerda que los ciclos no visibilizaban gente nueva, salvo Ronda de poetas. Y que se leía con un escritorio de por medio. En esos años previos al Bagre una serie de viajes a Chile y Perú lo acercan a los fenómenos de proyectos colectivos que en otros países funcionan hace mucho tiempo. En estos festivales, encuentros, ferias, Manuel empieza a ver una salida a los problemas locales y al mismo tiempo a ver una relación más horizontal entre los autores y los lectores de poesía, que se vinculan por fuera de las lógicas de mercado y que proponen una idea de autor distinta, dispuesta a tender un diálogo y una red, que parece estar más preocupada por vivir la poesía como una experiencia y no por una figura de autor que simplemente busca dar el salto editorial.

Manuel avanza diciendo que la poesía produce lenguaje, un lenguaje nuevo, pero que la novela simplemente lo reproduce. Propone que la poesía se construya como una novela, como un work in progress, un híbrido. Porque la poesía como la identidad es un organismo vivo, rizomático, emotivo, en donde confluyen varias corrientes y donde los límites nunca están precisos.

Luego del Bagrejaponés vino el Gusto tuyo, un festival de poesía que coordinó en donde leían poetas invitados con poetas inéditos.

Esta experiencia y otras lo harían conectarse con poetas de toda latinoamérica. Alguien importante para Manuel es el poeta chileno Héctor Hernández Montecinos. A quien dedica una parte del libro Yoga editado en 2011 por el Proyecto Literal de México. Y que sería un libro fundamental para entender el proyecto Editorial Mental.

Dice Manuel en un momento, no quiero aportar mi granito de arena a la pila funeraria de la literatura uruguaya — y avanza con furia— el eje del conflicto es la palabra y los orígenes donde recomenzamos el discurso no es precisamente el nacional. Porque la poesía también está atravesada por lo ideológico y por tanto también es una herramienta política.

La palabra se aparece atravesada por todo tipo de problemas, como la identidad, pero también pueden ser la extranjerización de la tierra, las nuevas dictaduras, la soja, UPM, la decolonialidad, el falso espejo europeo y el sueño de la ciudad letrada. Todo eso y mucho más cabe en la poesía. Por otra parte dice que no se trata de ir en contra del canon ni de la narrativa, que hay muchas cosas que hay que continuar como Huidobro, como Vallejo y que también existen Beckett o Felipe Polleri.

Manuel dice que no le importa la academia, que nunca importó, que en todo caso importa salir a leer, que se abran espacios de lectura y que se reproduzcan los poetas, que cuanto más poetas salgan afuera mejor poesía vamos a tener.

6

Ahora vuelvo mi cabeza a la biblioteca, a propósito de tres nombres que han pavimentado la poesía del siglo XX y que todavía sirven como ejemplo de poetas recientes. Hacia 1848 se lo puede ver a Baudelaire mezclado en las barricadas de la calle y a Byron muriendo por la causa griega en Missolonghi. Mallarmé en cambio fuma en su sillón, poniendo algo de humo entre el mundo y yo. Estos gestos y otros que ahora parecen parte de la leyenda influyeron notoriamente en Julio Inverso, que por supuesto estaba más cerca de la poesía como pasión militante que como gesto torremarfilista. Pero no cabe duda que el siguiente verso de Mallarmé le haría mucha justicia Soy un incompetente en cualquier materia que no sea el infinito, verso que también podría ser de Barrios o de cualquiera de los poetas del colectivo sino estuviesen dichos en una habitación cerrada por dentro y distante a lo que pasa afuera. Esa es una de las grandes diferencias del proyecto Mental en relación a ciertas figuras canónicas de la poesía, un proyecto red que se sale de la página y que quiere hacer pie en la vida misma, que se hace eco de otras voces, de otros cuerpos y que forma filas pasando la antorcha a una nueva generación de poetas pero desde otro lugar, haciendo hincapié en los libros sagrados o colectivos y no en la figura de autor que se construye a partir del siglo XIX.

Ahora bien, Manuel Barrios dice que no le interesa el malditísmo, que le parece otro gesto del mercado, y que más bien se ha interesado por superar esa tradición y esa instancia de dolor, que le interesa saber cómo se escribe después del padecimiento y de la figura maldita, sin embargo ha sido un notorio difusor de la obra de Inverso, alguien que encarnó esa tradición como elección de vida y que sigue teniendo gran influencia en los poetas más jóvenes.

La respuesta a esto hay que buscarla otra vez en todo el proyecto Mental y en su corrientes paralelas, como Dios Dorado que recientemente publicó un libro del joven poeta Federico Machado.

Le pregunto por la cita del Bhagavad Gita que abre el libro Yoga, Manuel me dice que llegó a esa literatura a través del cuerpo y que después se enamoró de ella. Yoga es al mismo tiempo un libro del conocimiento, una saga y un tratado sobre como la acción poética es también una forma de lectura. Dice Manuel que en los textos sagrados y antiguos de Oriente el cuerpo no es un pecado sino una instancia por donde pasa la emoción o la crisis, un vehículo.

7

¿Qué significa leer y escribir poesía hoy, cómo se lee, desde dónde, cuáles son sus pautas, sus reglas, sus certezas, sus intuiciones, qué lugar ocupa en relación al cuento o la novela, qué representa, es tanto una necesidad como una tradición, una llama viva y siempre en oscuro movimiento, un especie de mata de pasto porfiada y alerta en un bloque de cemento?

Abro un cuaderno al azar y encuentro varios recortes pegados.

La escena se traslada a la Ciudad Vieja. La imagen ha cambiado. No se trata de una habitación vacía. Tampoco de una estancia cerrada ni oscura. Hemos vuelto del desierto cien años después, nos ha arrasado el cáncer o nos hemos curado. Hemos dejado de reproducir las páginas del dictado. Hemos pasado del hermetismo y la ruptura para intentar superar un padecimiento, hemos sacado a nuestros muertos a que tomen aire y hemos bailado con ellos, los límites nunca estuvieron claros, nos hemos hundido en ellos con sed y desaparecemos, pero del cuerpo se borran las palabras y queda solo eso, el cuerpo.

En una de esas páginas hay un dibujo de Olga Leiva que pronto se proyecta en la pared. Parece la cara de Carlos Sabat Ercasty o de Macedonio Fernández pero puede que no sean ninguno de los dos, o puede que sea una mezcla desigual, a veces uno, a veces el otro, o los dos por separado, impalpables y sin maquillaje. Ambos han resuelto seguir el fuego a través de la noche y han llegado a la casa de Olga, una casa a la que solo se llega si se lee Bruja Boreal uno de los varios libros hermosos editados por Editorial Mental.

Hermana Leiva los ha sentado en su falda para darles de comer, les ha pellizcado sus cachetes, los ha besado, les ha robado su Cromo y a cambio les ha dado cantidades amistosas de éter y trajes de ocasión. Los ha dejado partir antes del amanecer y los ha mirado caminar desde la puerta.

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