Todas esas cosas siguen vivas

Un animal cambia su piel. Se desprende violentamente de ella y la observa. Sabe exactamente que él era eso y ahora ya no lo es, sabe cuántos anillos de tiempo tiene, sabe qué clase de ternura dejó atrás. Esa es Leonor en su escritura. Feroz y absolutamente lúcida. Su poética del cuerpo como territorio no da tregua. Y sus heridas, desprendidas en estos textos, como puertas, sótanos o ventanas, aparecen cada una como lugares/excusas de dramaturgia. Todas esas cosas siguen vivas, es una ofrenda a todos los restos. Una arqueología impúdica y desolada de las relaciones humanas y del artefacto familiar. Entonces, el lenguaje bastardo se articula seco y en su propio vértigo, presenciando lo que pasa a la vez que se constituye en palabras. Como si los diálogos hubieran implotado en ella, la única sobreviviente de esas partículas de guerra, la que lo dice todo.

Claudia Campos

El hogar solar

 

Ingresamos al imaginario de Fer Henry por una de sus puertas: la poesía. La misma que ya se había abierto con su primer libro Cántico de los delirios (2016). Hay otras puertas por donde acceder a su universo creativo: su música, sus pinturas, sus dibujos, sus canciones, sus cuadernos de ruta, la sensibilidad reflexiva de sus conversaciones. En este segundo libro, El hogar solar, encontramos una obra que, formalmente, está constituída por veinticuatro poemas ─algunos de ellos ya musicalizados por el autor─ y once ilustraciones.

La muestra, a nuestro humilde parecer, es una cantidad justa y equilibrada de textos, ilustraciones y algo más; donde se conjugan diversas formulaciones estéticas, que van desde el  poema impreso, impoluto, a las ilustraciones solitarias, y a partes de su cuaderno de ruta ─un potente ensamble de textos manuscritos e ilustraciones, con una técnica delicada y exquisita, donde se percibe un plano más sutil de la información meta-textual─.  El lápiz, el pincel, la púa de guitarra, son variantes modernas de la vara del Mago, del caduceo hermético o de la sonaja chamánica.

Aquí encontramos el verdadero Hogar: la cocina del poeta. Esa línea en el verso que es como un sendero salvaje y accidentado, un rastro solitario de hormiga hiperestésica, una duda marchando a lomos de la mancha y la tachadura, y algunas palabras que buscando un lugar de luz, se quedan en una zona, sin tiempo o con todo el tiempo del mundo, sin un lugar o en un no-lugar. Hay casos en que la ilustración se integra al texto, como un objeto único. Nos remite a algo así como una forma nueva de antigüedad por conocer, que no es otra cosa que una costura arcaica en un traje nuevo para la Resistencia. / La línea pentagramada bordada con el filo de las estrellas /.

            El hogar solar, sin dudas, es un título íntimo y cósmico a la misma vez, ─lo que comparte con la esencia de todo proceso alquímico─. Preguntas macrocósmicas encuentran (trovan) respuestas microcósmicas y viceversa: / Dendritas en oración universal /.

Hay interrogantes que llegan tras la poesía de Fer Henry. Las atávicas, las de siempre, las inabarcables: ¿venimos del agua, de la piedra, de la palabra o vamos hacia ellas? ¿venimos del viento, del fuego, del cardo o vamos hacia ellos? Ellas, son la parte enamorada de ese Resistir. / Traían libros donde el génesis de sus pueblos se reducía a un vocablo /.

La búsqueda sigue en los zurcidores de lugares difíciles y de altura / fui el asma que tiñó los cielos el primer día de la creación /, como tras las fibras de nuestro linaje solar, en llamas, donde lo ancestral ─por decantación natural, o mejor dicho, de cantación sobrenatural─, se vuelve presencia constante, / la misa de los soles / una oración de luz /, se vuelve templo intermitente, contemplado a través del verdor de las palabras, se vuelve imprevisible, como la forma del fuego del íntimo Inti que salta de rama en rama, de verso en verso.

 

El lugar donde, amablemente, llega la luz y donde las cosas transmigran son ideas recurrentes en los discos solistas de la cantera del autor: Corazón sonoro, (2002); Ofrenda,(2006); Para iluminarme, (2009); A gift for friends, (2012); Ellos, (2013); Del asma, al útero, al coral, (2014); Los pájaros prehistóricos, (2018); La región favorita, (2020).

 

Decir El hogar solar, seguramente, nos lleve a pensar en el astro Sol,  en esa divinidad que fue para muchas civilizaciones a lo largo de la historia de la humanidad. Pero… ¿y la Luna? ese diseño ancestral, que ha estado desde tiempos inmemoriales en nuestras canciones y poemas. A veces, simulada detrás de una cúpula o de un ladrido: / El del ladrido lunático / […] /El lobito Nerón. / No hace mucho dejó su cuerpo, / la casa de mis viejos, / el complejo /. La zona del planeta que irradiaba su luz / ¿Acaso no es un genuino Hogar Solar? La pequeña casa nocturna, donde, sistemáticamente, la luz se acuesta a morir, es decir, a soñar y esperar.

 

Omar Tagore

Papeles suizos

«En alguno de esos soldados sin piernas o sin ojos, o a punto de morir del cansancio, en el semen vencido de uno de ellos venía el gen de mi familia, como bicho de barco.»

Además de esta frase en el primer capítulo, que ya cuenta el origen de la historia familiar,¿qué es lo que hace de Papeles suizos una novela tan hermosa? Será la manera en la que Arenas teje con la repetición y la cadencia de las palabras, que se van heredando de oración en oración,un relato sonoro y poético que dan ganas de leérselo a alguien en voz alta. O será la atmósfera del pasado creada por los personajes plurales de la Colonia. Los de piel marrón, criollos pobres y las putitas ponen en jaque a esos suizos rubios como el sol de queso de Páez Vilaró y se cuelan todos en la otra atmósfera: la del manicomio. Tal vez sean los personajes particulares como la profesora de piano, el abuelo nazi, el padre nazi, o la Gringa estoica y hermosa con su silencio universal. Imposible no enamorarse de esa fragilidad. Más allá de las anécdotas aveces cálidas y otras veces oscuras, conmueve la desesperación bien disimulada del narrador porque le creamos. Ese subtítulo, Novela histórica, que pretende legitimar sus palabras, las estampas, los documentos o los comentarios al pie de página como en un relato académico. Nadie duda de la academia, pero el que cuenta es un loco y la voz de los locos y de las locas nunca se escucha.Lo que hace de esta una novela inolvidable es cómo el autor a través de su narrador pone voz al silencio.

Mariana Komiseroff

Los restos del naufragio

Los abundantes personajes que pueblan los cuentos de «Las cosas que quiero no se quieren entre sí» generalmente no se quieren entre sí y no son queridos por las cosas. El mundo muy reconocible, cotidiano, que describe Claudio Burguez con pelos y señales, es también el de la mediocridad impuesta o elegida. El de la derrota. El de la muerte. El del horror. No importa donde se esté, en Berlín o en La Comercial, en Estados Unidos o en Praga, porque el centro y la periferia son la misma cosa rota, venenosa, letal a corto o mediano plazo. La vida se rompió (o la rompimos) irremediablemente y Burguez inspecciona los restos con una lucidez ejemplar. / Felipe Polleri

Las cosas que quiero no se quieren entre sí

Los relatos de Claudio Burguez nos invaden de forma subterránea. Como en los retratos fotográficos, los personajes se rigen por un sistema que oculta más de lo que muestra. El título es, en sí mismo, un relato, una declaración de principios que habita todo el libro y lo tensa delicadamente. Hay una hauntología común, una distorsión mínima de la realidad donde lo no visible se hace presente. Como los puntos brillantes en la pantalla de un radar, estos relatos nos anuncian la persistencia de algo imposible de registrar, algo que apenas podemos intuir.

Un árbol opaco imita a la intemperie

Andrés León Miche es poeta y cantautor. En 2017 publicó su álbum debut Después está el río (Estampita Records) donde la potencia de su poesía se junta con una voz expresiva y melodías folk. Ahora Pez en el hielo tiene el honor de publicar su primer libro Un árbol opaco imita a la intemperie, poesía intimista que recorre un territorio a la sombra de los afectos familiares y la vegetación espesa de la literatura y el cine, desde Emily Dickinson hasta las películas de John Carpenter.

 

Un árbol opaco imita a la intemperie de Andrés León Miche.

Fotografías de Guillermo Wood

54 págs.

 

Rayadxs estamos todxs. Narrativas de una lucha

La Asamblea Instituyente es un colectivo de trabajo, un espacio político y de participación. Surge en el año 2012 con el propósito de dar visibilidad a las vulneraciones de derechos de las personas psiquiatrizadas.  La Asamblea tiene una  historia formada por miles de historias de cada persona que la transitó o aún la transita. Este libro intenta reunir algunos de estos relatos de lucha antimanicomial.

Este libro es una coedición junto con ellos.

«Tenemos la posibilidad bellísima de sacar un libro como Asamblea. Un libro de la Asamblea contada por quienes se sintieron con ganas de trazar esos relatos: crónicas, narraciones, poemas, décimas… escritos por diferentes personas en diferentes tiempos, algunos incluso escritos hace años.

Como fotografías mentales o como momentos fugaces. En algunas discusiones o algunos abrazos, en las barras o en las calles, todo aquello que hace posible a una historia de experiencias.

En un par de líneas o en varias hojas.

Poder armar un recorrido a partir de nuestras experiencias hace a una narrativa singular y a la vez colectiva.
Anónima.

Como cebras al galope»

La paz es cosa de niños

-Viajes a Brasil, paseos por bibliotecas y librerías, charlas de boteco, intercambios de libros, exploraciones insomnes en internet, videos de youtube, películas. Esas son algunas de las formas como llegamos a sumergirnos en la fuente inagotable de la literatura brasilera contemporánea. Lo que nos llevó a investigar más y querer traducir y compartir el material que de a poco fuimos descubriendo.-

10 autores brasileros participan en <La paz es cosa de niños>

Santiago Nazarian / Daniel Pellizzari / Ana Paula Maia / Andrea del Fuego / Daniel Galera / Marcelo Maluf / Michel Laub / Paula Fábrio / Paloma Vidal / Marcelino Freire